Existe una crisis de respeto a la dignidad humana: Arzobispo

El arzobispo Alfonso Cortés Contreras expresó que “estamos ante una emergencia de respeto a la dignidad del ser humano, del matrimonio y de la familia”.

En la misa de celebración de la Navidad en Catedral destacó que Jesús vino a elevar nuestra naturaleza humana, vino a elevar nuestra vida a la dignidad de ser hijos de Dios, conciencia tan perdida el día de hoy.

El ser humano no es solamente carne y hueso, el ser humano es hijo de Dios, y merece respeto la Ley de Dios, destacó en su mensaje de Navidad a los fieles católicos.

“Somos hijos de Dios, obedecemos primero a Dios antes que a los hombres o no somos cristianos”, enfatizó en su homilía.

Abundó “estamos heridos no solo en lo físico, estamos heridos en los valores éticos y morales de la sociedad; estamos heridos en la comprensión correcta de la familia y de la vida; estamos heridos en tanta sangre que se derrama; hemos perdido el sentido sagrado de la sangre. La sangre representa la vida y la dignidad del ser humano”.

Reiteró que “por eso estamos ante una emergencia de respeto a la dignidad del ser humano, de la dignidad del matrimonio, de la dignidad de familia”.

Ante ello, la celebración de la Navidad debe estar llena de esperanza en medio de todas las dificultades, de todos los abusos y deterioros del ser humano, resaltó.

Con esta experiencia que hemos tenido en estos años, nos hemos dado cuenta de la fragilidad que tenemos, que no somos dioses, que el Señor de la historia y de la vida es Dios, Uno y Trino, que nosotros no somos más que siervos, indicó.

Esto debe llenarnos de confianza en medio de todas las dificultades, de las tristezas, de las contradicciones de querer echar a Dios fuera de la sociedad. Debemos tener esperanza, exhortó el pastor católico.

Dijo que el reino de Dios está presente. La iglesia no es nuestra, nosotros somos la iglesia, pero la iglesia es de Jesucristo, el reino de Dios. Siempre será el señor del tiempo y de la historia.

Llamó a los fieles católicos a seguir en oración, para que florezca en nosotros la fe, la esperanza y la caridad, para ir al encuentro con Jesucristo.