Día de muertos, tradición y memorial

El Día de Muertos se celebrará el próximo martes, con él vienen muchas tradiciones que han marcado generaciones enteras. Algunas de ellas pertenecen a la tradición oral, todos los mexicanos las han experimentado, mientras que otras se pueden encontrar en diferentes documentales o libros como “Las expresiones de la muerte en León”.

Sin duda alguna, la más conocida es la ofrenda de muertos. Actualmente, varios negocios, instituciones y dependencias montan su propia ofrenda, que es la tradición más característica del país. Los elementos que debe llevar toda ofrenda son el agua, que representa la fuente de la vida; la sal, que es un elemento de purificación; las velas y/o veladoras, que son fe; luz y esperanza, que al alumbrar sirven como guía para que las almas encuentren su camino y regresen durante los próximos días que se avecinan.

Lo fundamental de toda ofrenda es también el incienso: cambiado por el Copal, sirve para limpiar el lugar de “malos espíritus” y que el alma del familiar pueda entrar en el mundo de los vivos y, por supuesto, en la casa.

No pueden faltar los adornos y las comidas fundamentales de esta temporada, empezando por el papel picado, las catrinas y los cráneos de azúcar, así como los respectivos alfeñiques que se pueden encontrar en la Plaza Fundadores, en la feria temporal dedicada a estas características y particulares figuras. En cuanto a las comidas, no puede pasarse por alto el pan de muerto, así como los dulces y las conservas.

La expresión literaria de estas fechas, son, sin duda alguna, las calaveritas, seguidas de las representaciones teatrales del clásico “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla. De acuerdo con el libro previamente citado de Rodolfo Herrera, a principios del siglo XX era el Círculo Leonés Mutualista la institución que realizaba representaciones de esa importante obra de la literatura española. Las calaveritas, por su parte, son versos satíricos que aluden a la muerte de una persona y de acuerdo con la página del Gobierno Federal: “Antiguamente conocidos como panteones, estos versos nacieron en el siglo XIX a modo de inscripciones burlescas y a manera de expresar ideas o sentimientos que en otras circunstancias sería difícil decir”.